Tener un encuentro personal con Jesús Salvador por la Fé.
Si Jesús ya nos salvo ¿Por qué entonces no experimentamos todos los frutos de la salvación en nuestra vida y en nuestro mundo?.
Ciertamente él ya nos salvo y nos dio la Nueva Vida. Pero lo que hace falta es que nosotros aceptemos y recibamos lo que Jesús ya nos ha ganado para nosotros.
Un hermano tuyo te envía un documento (testamento) donde te hereda todos sus bienes, con la única condición que tienes que ir donde él está para tomar posesión de ellos. El ya te los dio. Son tuyos, pero para poder hacer uso de ellos debes ir con tu hermano.
Jesús es tu hermano que te envía a participar su herencia de Hijo de Dios. El ya te dio la capacidad de llevar a vivir como tal. Lo único que necesitas es ir a él para hacer tuya la Vida Nueva que él te ha regalado.
¿Qué debemos hacer para vivir la vida de Jesús?. Le pregunto aquella multitud a Pedro la mañana gloriosa de Pentecostés. Toda esa gente se había dado cuenta que los Apóstoles, junto con María, vivían la vida humana de tal forma que inspiraba a que los demás también quisieran vivir de la misma manera.
La respuesta de Pedro fue sencilla: crean en Jesús, convirtiéndose de sus pecados, y entonces podrán vivir la vida del Hijo de Dios Resucitado. Fé y conversión es lo único que nosotros necesitamos para vivir la vida de Dios traída por Jesús.
LA FÉ.
Es el medio necesario para conectar con la salvación pues “Que Cristo habite en sus corazones por la fe, que estén arraigados en el amor y en él puedan edificarse”. Efesios 3, 17.
“Por la fe, pues, hemos sido reordenados, y estamos en paz con Dios por medio de Jesucristo, nuestro Señor. Por él hemos tenido acceso a un estado de gracia e incluso hacemos alarde de esperar la misma Gloria de Dios”. Romanos 5, 1 y 2. “A Él se refieren todos los profetas al decir que quien cree en él recibe por su Nombre el perdón de los pecados”. Hechos de los Apóstoles 10, 43.
“Ustedes han sido salvados por la fe, y lo han sido por gracia. Esto no vino de ustedes, sino que es un don de Dios”. Efesios 2, 8.
“La total justificación la obtiene por Jesucristo, todo el que cree”. Hechos de los Apóstoles 13, 38.
Esta Fé, que es un don de Dios, es al mismo tiempo nuestra respuesta a la iniciativa de Dios, que le dice: “si te creo, y acepto cien por ciento al que Tú enviaste a este mundo para salvarnos”.
Es confianza, dependencia y obediencia a Jesús salvador, muerto y resucitado que es único medidor entre Dios y los hombres.
La Fé es la certeza de que Dios va a actuar conforme a las promesas de Cristo.
Por lo tanto, la Fé no es creer en algo, sino en Alguien, y entregarse a esa persona sin límites ni condiciones. Tampoco es un asentimiento intelectual a cosas que no entendemos, sino una confianza y dependencia a Dios y su plan de salvación.
La Fé no es ni un sentimiento, ni se mide por emoción, ni tampoco es autosugestión. Es una decisión total del hombre que envuelve todo su ser y comprometerse toda su persona.
“Porque te salvarás si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos. La fe del corazón te procura la verdadera rectitud, y tu boca, que lo proclama, te consigue la salvación”. Romanos 10, 9-10.
Cuando Pablo habla de corazón y boca se está refiriendo tanto a lo más íntimo como a lo más extremo del hombre. Es decir, la fe tiene que ser tan profunda como manifiesta.
La Fé, por tanto, nos lleva a actuar conforme a lo que creemos, cambiando nuestra forma de vivir. De otra manera no es fe, sino sentimiento, ideología o creencia.
EL EQUILIBRISTA.
La fe en Cristo muerto y resucitado nos lleva a morir con él. La fe, o se manifiesta, o no es fe.
La fe que no se manifiesta sería como un fuego que no calienta ni quema. La fe, por fe, debe ser tan interior como exterior.
En Nueva York se han construido dos rascacielos impresionantes altos, a treinta metros de distancia uno de otro. Un famoso equilibrista tendió una cuerda en lo más alto de estos edificios gemelos con el fin de pasar caminando sobre ellas. Antes dijo a la multitud expectante:
- “Me subiré y cruzare sobre la cuerda; pero, necesito que ustedes crean en mi y tengan confianza en que lo voy a lograr…”
- Claro que si, respondieron todos al mismo tiempo.
Subió por el elevador y ayudándose de una vara de equilibrio comenzó a atravesar de un edificio a otro sobre la cuerda floja.
Habiéndolo logrado bajo y dijo a la multitud que le aplaudía emocionada.
- “Ahora voy a pasar por segunda ocasión, pero sin la ayuda de la vara. Por tanto, más que antes, necesito de su confianza y su fe en mi”.
El malabarista subió por el elevador y luego comenzó a cruzar lentamente de un edificio al otro. La gente estaba muda de asombro y aplaudía. Entonces el equilibrista bajo y en medio de las ovaciones por tercera vez dijo:
- “Ahora pasare por última vez, pero será llevado una carretilla sobre la cuerda Necesito, más que nunca, que crean en mi y confíen en mi”.
La multitud guardaba un tenso silencio. Nadie se atrevía a creer que esto fuera posible…
- Basta que una sola persona confié en mi y lo hare, afirmo el equilibrista.
Entonces uno que estaba atrás, grito:
- Si, si yo creo en ti; tú puedes. Yo confió en ti…
El equilibrista para certificar su confianza, lo reto:
- “Si de veras confías en mi, vente conmigo y súbete a la carretilla…”
… cuando en verdad le creemos a Jesús nos subimos a su Cruz, muriendo a todo aquello que no nos deja vivir. Este tipo de fe nos permite ver lo invisible y esperar contra toda esperanza, ya que todo es posible para el que cree.
La fe en Cristo muerto y resucitado nos lleva a morir con él. La fe, o se manifiesta, o no es fe.
La fe que no se manifiesta sería como un fuego que no calienta ni quema. La fe, por fe, debe ser tan interior como exterior.
En Nueva York se han construido dos rascacielos impresionantes altos, a treinta metros de distancia uno de otro. Un famoso equilibrista tendió una cuerda en lo más alto de estos edificios gemelos con el fin de pasar caminando sobre ellas. Antes dijo a la multitud expectante:
- “Me subiré y cruzare sobre la cuerda; pero, necesito que ustedes crean en mi y tengan confianza en que lo voy a lograr…”
- Claro que si, respondieron todos al mismo tiempo.
Subió por el elevador y ayudándose de una vara de equilibrio comenzó a atravesar de un edificio a otro sobre la cuerda floja.
Habiéndolo logrado bajo y dijo a la multitud que le aplaudía emocionada.
- “Ahora voy a pasar por segunda ocasión, pero sin la ayuda de la vara. Por tanto, más que antes, necesito de su confianza y su fe en mi”.
El malabarista subió por el elevador y luego comenzó a cruzar lentamente de un edificio al otro. La gente estaba muda de asombro y aplaudía. Entonces el equilibrista bajo y en medio de las ovaciones por tercera vez dijo:
- “Ahora pasare por última vez, pero será llevado una carretilla sobre la cuerda Necesito, más que nunca, que crean en mi y confíen en mi”.
La multitud guardaba un tenso silencio. Nadie se atrevía a creer que esto fuera posible…
- Basta que una sola persona confié en mi y lo hare, afirmo el equilibrista.
Entonces uno que estaba atrás, grito:
- Si, si yo creo en ti; tú puedes. Yo confió en ti…
El equilibrista para certificar su confianza, lo reto:
- “Si de veras confías en mi, vente conmigo y súbete a la carretilla…”
… cuando en verdad le creemos a Jesús nos subimos a su Cruz, muriendo a todo aquello que no nos deja vivir. Este tipo de fe nos permite ver lo invisible y esperar contra toda esperanza, ya que todo es posible para el que cree.
EL CHEQUE.
Jesús ya realizo de una vez y para siempre nuestra salvación. Por la fe nosotros aceptamos, recibimos y hacemos nuestra esa salvación ya ganada por su muerte y gloriosa resurrección.
Jesús ya nos gano y nos dio la salvación. Pero nos la dio en un cheque. Por tanto, tenemos que ir a cobrarlo al Banco de la Misericordia del Padre Celestial.
- Está firmado por el mismo Jesús. Su firma es muy sencilla: una Cruz. El Padre conoce muy bien la firma de su Hijo.
Nadie puede falsificarla.
- No está escrito con tinta, sino con la misma sangre de Cristo Jesús: Los meritos de su muerte y resurrección.
- La Fecha: El día de hoy. Hoy es el día de la salvación. Mañana podría ser demasiado tarde. Aprovecha la oportunidad.
- La cantidad: Una Vida Nueva. Vida de hijo de Dios.
- No está “al portador” o cash sino al nombre y apellidos de cada uno. Ninguno otro lo puede cobrar por nosotros. No se puede ni endosar ni depositar. O se cobra hoy personalmente o se pierde.
- El Banco de las Misericordias del Padre está abierto las veinticuatro horas. En esos momentos tú puedes manifestar tu fe en Jesús delante de su Padre.
- El cheque te lo regalo Cristo. Gratis. Es pura gracia. Para cobrarlo solo debes tener confianza en que en verdad la muerte y resurrección de Jesús responden por la Vida Nueva que dice el cheque; que la sangre de Cristo tiene suficientes meritos ante el Padre para otorgarnos lo que el mismo Cristo nos gano: La Vida Nueva.
Ahora bien, la fe en que Jesús ya nos salvo no nos permite buscar otros medios de salvación. Sería como si para subir a un edificio muy alto tratáramos de ascender por la escalera, teniendo el elevador a nuestra disposición. Jesús es ese elevador que nos lleva al Padre. Solo hay que meternos en el por la fe para que nos lleve hasta arriba.
Para experimentar plenamente la salvación de Dios es necesario esperarla con la seguridad que viene de la confianza en que Dios cumple lo prometido: “Hágase en vosotros según vuestra fe, dijo Jesús a los dos ciegos que luego recobraron la vista” San Mateo 9, 29. Por otro lado, el esperar en Jesús significa confiar y depender solo de él, y de nadie más.
La fe, dice Jeremías “es la mano que toma la obra salvífica de Cristo y la ofrece al Padre”. Es como la tubería que hace que el Agua Viva de la Salvación llegue hasta entonces como el alambre que transforma la fuerza de la obra de Cristo a nosotros.
La fe se vive en cada circunstancia de nuestra vida, y de esa manera es posible experimentar en cada momento la salvación de Jesús. Por eso, decía San Pablo “El justo vivirá por la fe”. Es decir, vamos caminando de fe en fe, dando sucesivos pasos. Romanos 1, 17.
Un paso no nos lleva hasta la meta, pero si nos acerca. Por tanto, es necesario que hoy demos un primer paso en fe manifestando que creemos en Dios y su plan de salvación sobre nosotros.
EXPRESIÓN DE FE.
Vamos a manifestar nuestro fe en Dios su obra salvífica través de Jesucristo lleno del Espíritu Santo.
Para la siguiente profesión de fe se puede escoger alguno de los siguientes signos extremos que hacen más personal la expresión de fe: de pie, extendiendo la mano derecha, con una vela en la mano, en voz alta, etc. Ya que es necesario que la fe se manifieste. Se responde: Si, yo creo.
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